Sigo encadenado a una monotonía religiosa, caminando a lado
de una sombra extraña, viendo mis rostro cada vez más serio y silencioso.
Estar acá es como estar detrás de una ventana una tarde
lluviosa, deseando ser el agua que lame los cristales tratando de limpiar la
tristeza untada en mi rostro.
Me persigue el amargo, ardiente y estúpido aroma de la
ausencia de todo lo que esta afuera de esta habitación tan estrecha.
Ataviado con colores melancólicos trato de pintar sonrisas
en la ventana empañada pero me invade el asco y termino derramando cólicos
sobre mi colchón.
Sigo estando detrás del cristal, contando gotas de agua,
tratando de cortar los grilletes (invisibles) que me enganchan a esta habitación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario