miércoles, 5 de junio de 2013

El país de las hadas

Sigo abriendo las ventanas por costumbre, en recuerdo de aquella ceremonia en la que yo me desnudaba en la oscuridad y me asomaba a lamer estrellas. Tú reptabas hacia mi balcón como una impía. Limpiabas los restos estelares en mis labios con tu lengua de gato.

En la deriva de la luna llena naufragábamos en las sábanas, dañando la moral; ahorcándome en tu melena. 

Invertía mi erección en la pastosa apuesta de tu vientre, visitando cada una de tus habitaciones para darles brochazos de simiente hasta que (inevitablemente) me derretía en alguna de ellas. 

Al final nos comunicábamos con gruñidos aquello que nuestros cuerpos sudaban.

Sigo abriendo las ventanas, lamiendo estrellas aunque ya no bajes de ellas para reptar hasta mi balcón.

Me acuesto en mi cama congelada abrazando mis almohadas como en el pasado, cuando vivía enamorado en el país de las hadas.

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