Parado frente al espejo
veo caer los pétalos de mi piel sobre mi pecho, mis ojos se ocultan bajo el cerro de arrugas, mis dientes caen como una llovizna impertinente de
calcio oxidado, mi cráneo desnudo
trata de cubrir con sudor el pudor de la calvicie mientras mis huesos se van
deshaciendo con rima consonante a los relámpagos de invierno.
El tiempo no deja de pintar muerte sobe mi
retrato, trabaja sin descanso buscando el mejor ángulo de los años, encuadrando
mi osamenta en un estúpido féretro.
Parado frente al espejo veo al diablo haciendo
gestos frente a mi espalda, sacándome la lengua, acomodándose las tetas.
Entonces descubrí que la muerte se olvidó de llevarme a tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario